Aprender enseñando: el liderazgo que crece en voz alta
Me encanta enseñar. También disfruto mucho aprendiendo. A veces, leo tanto sobre un tema que necesito contarlo, explicarlo y compartirlo.
“Si quieres dominar algo, enséñalo.” — Richard Feynman
Personas que despiertan ideas
Cuando cuento lo que sé, aparecen huecos que no veía y la idea se ordena. Lo mejor, sin embargo, son las personas:
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Quienes levantan la mano y hacen preguntas que abren caminos.
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Aquellos que sueltan ideas al vuelo con objeciones que afinan el criterio.
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Algunos me hacen repensar lo que acabo de decir, o cómo lo acabo de decir cuando hay silencios que invitan a aclarar.
Sí, incluso me sudan las manos. Y ese vértigo me hace mejor.
Vulnerabilidad que suma
Se espera que un líder lo sepa todo. No siempre se tienen respuestas; a veces lo preparado no conecta. Decir “no lo sé” puede ser un acto de valentía,Con esa apertura se crea confianza real y el error se convierte en materia prima.
Vulnerabilidad que construye confianza
Se espera que un líder lo sepa todo. Sin embargo, no siempre hay respuestas ni todo conecta a la primera. Cuando digo “no lo sé, aún”, la conversación se vuelve más honesta y el grupo avanza mejor y nos hace más humano y vulnerables. Es difícil, lo sé. La duda es acogida, la honestidad es valorada y la perfección deja de ser exigida (por mi parte y la de los alumnos). Así, el error se convierte en materia prima y la confianza se fortalece (véase liderazgo de servicio y Brené Brown).
Hábitos sencillos para liderar mientras enseñas
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Explica en voz alta lo que aprendes; la Técnica de Feynman y el aprendizaje activo ayudan a detectar lagunas.
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Invita preguntas difíciles: “¿Qué no quedó claro?” y “¿Qué necesitas para aplicarlo?”.
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Documenta en una página: qué, por qué y cómo.
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Reconoce límites: “lo investigo y vuelvo con una propuesta”.
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Cierra cada sesión con un siguiente paso concreto.
En resumen
Liderar y aprender es conversar, equivocarse y acertar con otros. Liderar también es aprender enseñando, en cada conversación, en cada error, en cada acierto.
Y hacerlo, no desde la perfección, sino desde la autenticidad.
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